A estas alturas de nuestra vida, poco te voy a descubrir si te digo que la vida vuela y que hay que sonreír. Quién más y quien menos, cuando llegamos a una edad en la que los adolescentes nos hablan de usted, tenemos ya varias cicatrices en el corazón, y sabemos que estamos aquí de paso, que en cualquier momento, todo lo que tenemos y a quienes tenemos, pueden volar muy lejos, tanto lo bueno como lo malo (afortunadamente).
Pero sobre todo, es el día a día el que nos enseña que la vida vuela.
Y aunque ya lo sepas, hoy te lo quiero volver a contar...
(ya sabes, con mis palabras, con las que se me escapan de los dedos al regodearme en el pensamiento que me ha surgido mientras conducía desde el trabajo y que tiene un inicio cierto,
pero que luego, la reflexión toma vida propia e incluso termina bien)









