Hay proyectos que merece la pena hacerlos sólo por ver la cara de la persona que lo va a recibir. Como este hussif que le he regalado a mi sobrina Ana. Porque era una promesa que le hice, y porque ahora que se nos ha vuelto costurera lo necesita.
Y cuando sabes que va a merecer la pena, te da igual que te den las tantas de la madrugada cosiendo a todo correr para que el día de Navidad, una niña abra los ojos llenos de emoción y te diga "Gracias, tía Luz"...
Porque no es solo un costurero de viaje, sino mucho más...
Y te lo voy a enseñar con todo detalle.



